Era la tarde de otoño seductora

Era la tarde de otoño seductora:
ni el susurro de una hoja descomponía el aire
y yo avanzo con rápidas zancadas
bajo el fervoroso latido de una canción.

Aunque el cielo no sea responsable
de la gloria que me empuja tras la última luz cegadora,
miro hacia arriba vanidoso y feliz.
Solo la juventud deja ese tipo de sonrisa en el rostro

Por miedo a embriagarme detuve en seco los pasos
en el centro de la calzada
de una calle antigua y sucia
Al volver la espalda al sol
no hay pisadas tras de mi
Ahora el silencio es profundo
y apenas atiendo cosa alguna
cuando viejos fantasmas llegan
agolpándose en el centro de esta confusión.

¡He creído entonces verla de nuevo pasar,
caminando apresurada,
brillante al ocaso su oscuro pelo!
Y sin embargo está muy lejos de mi,
la distante silueta no regresará
El corazón herido se encoge
en un punto infinitesimal

Todo, todo, todo cambia:
Ya no estoy en la ciudad.
Seis pájaros atraviesan raudos
una atmósfera de quietud fría,
empedernida,
Ninguna brisa mece aquellos árboles,
ningún viento agita los pastos.
Los senderos se oscurecen
y en medio del azul despierta un instante la razón
para comprender que he amado
como no debí hacerlo

¿Es preciso que la memoria, cuanto más falta hace,
irremediablemente falle?
Aún contemplo figuras entre las sombras del olvido,
pero lo que nadie recuerda excepto tú,
sencillamente ha muerto.

Con suma impaciencia medía el tiempo,
la eternidad sobrecogedora,
cuando ya mi existencia toda
ha volado en un relámpago
y ahora frente a mí mismo,
desconcertado, mezquino
no se a qué aferrarme.

En vano imploré a los dioses
en vano esperé una respuesta
aún sabiendo que cualquier Dios
solo constituye un tipo de hipótesis

¿Por qué fueron dadas a mis facultades
capacidad de ansiar hermosura?
¿Para qué acosar sin descanso a la belleza
queriéndola abrazar en vano?
Si un espíritu se enamora así de la tierra que mora,
solo aspira al infortunio.

Traté de hacerlo lo mejor que supe.
No fue suficiente.
Con una punzada de desánimo
siento que muere el perfume de las cosas
Uno deja de vivir
cuando descubre
que ya nadie le menciona
Ahora todas las criaturas que poblaban mi cabeza
se han convertido en polvo

A pesar de todo,
¡oh misteriosa felicidad!
todavía sueño que sobrevuelo
y me poso como el azar sobre la humanidad
Ojalá no se extinguiera jamás
la llama de esta canción
que silbo distraído
como último empeño.

Mientras dibuje una línea el horizonte
seguiré encadenando pasos
sin principio ni fin
No hay poder, ni hay gloria
basta una sencilla frase de amor
para la reanudación.
Miro al frente,
contengo el aliento un poco más
y (ahora sí)
me voy.

Un canto sincero y fuerte

Aunque de continuo luche por demostrarme

en pos de algún tipo de esclarecimiento

entre las complicadas nubes,

no tengo intención de escapar

ante una perspectiva de caminos desdibujados,

los que esperan a todo ser vivo.

Qué mejor experiencia

que la compañía de tal misterio.

Tan sólo quisiera en esta vida ser algo

semejante a un canto sincero y fuerte,

no más que eso, tampoco menos

e ir en el corazón cincelando

junto al dolor inexcusable,

toda porción de belleza

que por ventura en mi camino cruce.

24 h. después

Ni siquiera veinticuatro horas fuera de ti

y ya con una sorda desesperación,

acuciante,

acompañando todas mis sombras.

Oigo aún con el sonido de ayer,

tu voz, su eco

y las palabras que rozándome

mueven nervioso el corazón de un incauto,

en todas direcciones,

y en realidad en ninguna.

Siento este latido que se agita

como si tantease

esquivos sueños luminiscentes.

Todavía flotan ante mi tus pestañas negras,

negrísimas alas acariciándome,

con sus ojos enamorados,

y fijos a la altura del sol.

Detrás de una sonrisa

I’m forced to hide my pain behind a fake smile. Because if i smile, it stops people from asking that question …

What’s wrong?

And it saves from that answer “nothing” when really i want to say “everything”.

Me veo obligado a ocultar mi dolor detrás de una sonrisa falsa, porque si sonrío la gente deja de hacer la maldita pregunta …

¿Algo va mal?

Y así me libro de responder “nada”, cuando en realidad quiero decir “todo”.

El combustible de la vida

Una curiosidad viva, el afán de aprendizaje y la esperanza en un mañana con nuevas expectativas, constituyen el más inagotable de los combustibles. Incluso tras sufrir el infortunio lo más probable es que consigamos casi instantáneamente renovar dichas fuerzas al tiempo que emerge un nuevo sol. Mientras esos impulsos me levanten cada día seguiré vivo; cuando se extingan en mi, desapareceré yo.

¿A qué esperamos para ser felices?

No supo nadie explicarme por qué estoy aquí,
o hasta donde …
¿Cómo iba a hacerlo yo?

Esto es solo otra existencia canija, de savia poderosa, sí,
aunque crónica circunspecta que desaparecerá como el viento,
aquel que sopla sobre la tierra y se aleja
sin ruido ni cánticos gloriosos
como para empañar los ojos de nadie.

Espero no derrumbarme al final,
ya hube de llorar en silencio muchas veces,
padecido de cien maneras,
pero nunca fue necesario murmurar una oración
a un cielo lejano y sordo.

Además, ¿por qué habría de confesarme
si solo me arrepiento de lo que no hice?

Sabiendo que no hay una forma de justicia
ni terrenal ni mucho menos divina,
ya que por ese lado nada espero.
y después de tantos aciertos como desaciertos,
considero que no tengo derecho
a reclamar recompensa alguna.

Me marcharé sin haber resuelto
ni uno solo de los misterios circundantes,
sin haberme a mí mismo hallado
y aunque también yo intentase disimular
mis defectos y carencias con las habituales argucias,
siempre fui honesto y sincero,
todo lo sincero que puede ser un hombre.

No es poca la estupidez.
Se dicen tales disparates por todos aceptados
que a veces pienso que el único loco soy yo.
Sí, debe de ser eso…
Sin embargo algo me dice que las verdades no lo son
por ser proclamadas a gritos.
No hay realmente verdades irrebatibles
pero sí que hay mentiras evidentes,

A mi manera amé la vida
frecuentemente,
intensamente,
desordenadamente.
A los que a pesar de todo aman la vida
no puede esperarles forma alguna de condenación
¿quién lo cree así?

Ignoro por completo cuándo terminará esto,
uno, diez, veinte años… no importa,
los números bailan ante nuestro desconcierto:
no hay patrón de uno que para otro sirva.
El tiempo como siempre se escurre sin control.
Un día trataré de encontrar un nuevo sol,
en vano, pues ya se habrá ocultado más allá de mis límites,
escapará a mis ojos
se alejará de la memoria.

Todas las criaturas en su plenitud padecemos la misma sed,
sería el mayor de los desconsuelos no seguir soñando,
levantarse una mañana y constatar que ya no están los pájaros,
ya que cuando le damos la espalda el mundo todavía es más hermoso.

Es trágico olvidar lo poco que precisa la vida de un hombre:

Un trago largo de agua fría,
una sombra fresca a tiempo,
atravesar la tierra bajo el sonido de la respiración.

Una taza de café humeante
y consigo canción de amor,
el abrazo de una mirada cómplice,
los colores del crepúsculo reventando
y los labios jugosos de una mujer.

La serenidad que solo tiene un desengañado

Siento que mi pequeña ración de existencia muy pronto se habrá esfumado,

tal como el agua que se desliza por el río,

como el viento inalcanzable que escapa rumbo a los brazos del horizonte.

Hay días que un punzante sentimiento

tanto me perturba

que acabo destrozado.

Por fortuna

alguna vez he comprendido minímamente

que yo no puedo detener nada,

porque nada de esto tiene arreglo,

Y entonces procuro saborear cada instante de gozo.

La vida no es más que eso.

Ya está dicha la frase,

una frase tan corta de escribir

como difícil de entender.